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Los campos que formaban la Estancia La Ventura en Almafuerte, a fines del siglo XIX y comienzos del XX eran verdaderos vergeles donde cientos de hectáreas estaban sembradas con alfalfa y otras pasturas que tenían asegurado su rendimiento y desarrollo, gracias a un sistema de canales que regaban con abundante agua los campos del fundador de Almafuerte, el Dr.Pedro C.Molina. Este hombre fue el verdadero impulsor del desarrollo de las tierras que había heredado de su familia a las que dedicó todos sus esfuerzos para convertirlas en los suelos más productivos de la región. Además de alfalfa y trigo, Molina destinó parcelas de tierra para plantar vides con las que elaboraba el vino que consumía y regalaba a sus allegados y familiares.
La presencia de la familia Molina en esta región data de la primera mitad del siglo XVII, cuando los antepasados del fundador de Almafuerte, recibieron en calidad de merced una vasta extensión de tierra que llegaba hasta el río Ctalamochita. En ese lugar se levantó la Estancia El Salto, que tomó su nombre de un accidente natural del río donde el agua del entonces caudaloso cauce de agua se precipitaba desde una considerable altura entre enormes rocas, dando lugar a una cascada que era el punto de referencia para los viajeros de la época. El lugar además permitía cruzar el río, siendo el paso obligado del tránsito hacia el Alto Perú. En la actualidad la cascada se encuentra cubierta por las aguas del lago Piedras Moras.
En 1662 el gobernador de Córdoba, accediendo al pedido del capitán Alonso de Molina Navarrete y Zorita hizo entrega de las tierras que lindaban con la estancia El Salto, lo que amplió considerablemente las posesiones de la familia Molina en esta región de Córdoba.
El texto de entrega de tierras hace referencia a que con esta concesión los campos de los Molina estarían ubicadas "así de una banda del río (Tercero) como de la otra ...".
Casi dos siglos más tarde nació en la Estancia El Salto el fundador de Almafuerte, que heredó la propiedad y produjo un sustancial cambio en la manera de explotar las grandes extensiones de tierra.
Las buenas cosechas que se obtenían en la estancia La Ventura, eran producto de un factor determinante: el agua, que llegaba a cada rincón de los campos a través del canal que Molina había hecho construir entre montes y cerros.
Hacia el año 1888 el Dr. Pedro C.Molina hizo plantar unas sesenta hectáreas de vides obteniendo excelentes resultados y logrando vinos de buena calidad.
En las primeras décadas del siglo pasado, las vides seguían produciendo y en la estancia La Ventura se elaboraba vino.
Julián Teodoro López, uno de los primeros pobladores de Almafuerte, abuelo del actual intendente Daniel López, y quien trabajó en la estancia La Ventura, hizo referencia a los viñedos en el libro Historia de Almafuerte, de Benjamín Atala Mansilla:
Él (Pedro C. Molina) y la señora Leocadia siempre tenían la costumbre de ir donde estábamos trabajando a eso de las diez de la mañana y a las tres de la tarde, y llevaba el finado Pedro C. Molina una jarra de vidrio, con vino hecho en la estancia y ella llevaba los vasos. Entonces iban donde estaba mi padre y le brindaban el vino, nosotros como éramos chicos no nos dejaban tomar, ese trabajo lo hacía todos los días el finado Don Pedro con su esposa, las temporadas que estaba en la estancia...".
Más adelante López afirma:
"La viña estaba plantada en la estancia a la orilla del camino actual (la ruta) y llegaba hasta el pueblo. En los sótanos de la estancia se hacía el vino, donde tenían las bodegas. Después al morir desapareció la viña...".
En la misma publicación, Aploniano Escribano, otro de los primeros pobladores de Almafuerte recordaba:
"En la estancia del Dr. Pedro había frutales de toda clase, viñas y hasta un trapiche para hacer vino, alfalfa que sembraban porque había dos canales que salían del canal maestro que hizo construir, había una calle de sauces que usted podía salir de la estancia y llegar a Almafuerte sin que le diera sol".
Antiguos pobladores recuerdan que los viñedos llegaban hasta donde actualmente se levanta el edificio municipal.
En la dêcada del '20 se había instalado en el pueblo la Chacra Frutihortícola Almafuerte, una estación experimental dedicada a la producción de árboles frutales, especialmente manzanos. El innovador emprendimiento estaba ubicado en terrenos que hoy ocupa el actual barrio Pinares, donde aún se conservan unos pocos ejemplares de aquellos manzanos plantados hace más de ochenta años.
A mediados de la década del '30 las manzanas producidas en Almafuerte fueron enviadas a Londres, a través de gestiones del ferrocarril Central Argentino. En Inglaterra las frutas tuvieron una buena aceptación por su buena calidad.
En una carta que el ingeniero Hugo Miatello, jefe de fomento rural del Ferrocarril Central Argentino, dirigiera al diario La Nación de Buenos Aires, fechada en febrero de 1937, y que Benjamín Atala Mansilla transcribe en su libro Historia de Almafuerte, se hace una clara referencia a la calidad de las frutas producidas en Almafuerte:
"Conozco muy bien las espléndidas plantaciones del vivero provincial de Santa Rosa de Calamuchita, las cuales constituyen un irrefutable testimonio de las condiciones maravillosas en que se desarrolla y produce la citada especie frutal en esa zona cordobesa...".
Con respecto a la Chacra Frutihortícola Almafuerte, el Ing. Miatello decía:
"Todas las plantaciones frutales están resguardadas contra las inclemencias del tiempo, especialmente los vientos, con reparos forestales los que alcanzan a veinte mil plantas de eucaliptus, álamos y pinos. Las plantas comerciales comprenden cerca de ocho mil árboles de manzanos los que se hayan en plena producción, habiendo dado ya varias cosechas abundantes de excelentes frutas sabrosas y de espléndido aspecto general. Hay árboles de menos de diez años de antigüedad que han producido cerca de mil manzanas cada uno, y este otro detalle que confirma elocuentemente la gran capacidad productiva de la zona: frutas de manzanas de tipo deliciosas que llegan a pesar más de cuatrocientos gramos cada una, de un aspecto y sabor que pueden competir airosamente con las famosas de California. Las muestras de las primeras manzanas de esa estación experimental fueron enviadas a Londres, en donde tuvieron gran aceptación, y además el Ferrocarril Central Argentino ha colocado cosechas sucesivas en sus quioscos de Retiro y en los mercados de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Ahora la explotación de las plantas se haya a cargo de los señores Sebastián LLansó y Francisco Rodríguez, expertos en frutas y su comercialización...",
finalizaba la carta fechada el 28 de febrero de 1937.
Setenta años después, nada queda de aquel importante emprendimiento, sólo un puñado de manzanos en algún terreno baldío de barrio pinares, que seguramente desaparecerán cuando se construya una nueva casa. Igual suerte corrieron las vides plantadas en la década de 1880, de las cuáles sólo queda el recuerdo de los pobladores más antiguos.
Extractatado del Diario Tribuna Semanal del 24/07/2007
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